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“La evolución del flamenco hay que tratarla con mucho tacto”
Silvia Calado. Sevilla, octubre de 2006
Javier Barón vuelve a poner en marcha la máquina de crear. El bailaor sevillano da a luz dos nuevos espectáculos. En clave intimista, acaba de estrenar ‘Dos voces para un baile’ en Sevilla. Y será el Festival de Jerez el que acoja la presentación de ‘Meridiana’. Tiene plena conciencia de las complicaciones que conlleva poner en marcha nuevos proyectos, pero “no me quiero quedar con las ganas de plasmar las ideas que me rondan en la cabeza”.
¿Que es ‘Dos voces para un baile’?
‘Dos voces para un baile’, que estreno el 29 de noviembre, es un espectáculo en formato pequeño con poquito elenco, una cosita tras la que llevaba tiempo. Aunque para organizar algo, sea pequeño o más grande, el mareo de cabeza es el mismo. Tengo la suerte de poder estrenarlo. Hacía mucho que tenía apuntes, quería unir dos voces que han estado presentes en mi trayectoria, tanto en Madrid como en Sevilla. Y han sido y siguen siendo dos cantaores muy importantes para mí. Son Miguel Ortega y José Valencia. Y a ellos les ha gustado mucho la idea. No hay ningún pretexto, ninguna historia que contar, sólo cantar, bailar y tocar la guitarra. Lo de siempre, lo de mis comienzos. Antes no se llevaba percusión ni nada de eso, palmeros si acaso. Y tenía ganas de volver a esa sencillez.
¿Qué dirías de cada uno de esos cantaores?
Para mí han sido personas muy significativas, siempre han estado ahí. Me han gustado mucho sus voces, su forma de decirlo, de interpretarlo, el ritmo que llevan... Un buen cantaor de baile es el que te mete el pie, te aporte y esté ahí contigo. No es sólo cantar, para eso están los cantaores de ‘alante’. Y ellos, aparte de que son buenos solistas, su fuerte es para el baile. Han estado en bastantes compañías con muchísimos artistas. No llevan dos días en esto. Son dos cantaores para mí fundamentales, lo han sido y lo son dentro de mi carrera como artista.
¿Qué recuerdos tienes de aquella época de Madrid?
Allí estuve con todo el esfuerzo de mis padres y de mi tío, que me llevó a su casa a Madrid. Con 11 años hice vida allí, mi tío fue mi segundo padre. Tuve que dejar los estudios, fue un lío. Pero después me pusieron un maestro particular y estuve estudiando con muchísima gente del flamenco: Faíco, Toni El Pelao, Rafael de Córdoba... infinidad de gente. Después de aprender todo eso, pude montar mi primer grupillo. Y con quince años o así fue cuando se incorporó Guadiana. Desconecté un poco, estuve cuatro años en el Ballet Nacional de España (BNE), donde te formas en más disciplinas, estoy muy agradecido a tantos profesores... he tenido una suerte tremenda. Todo lo recuerdo mucho ahora. Cuando quieres crear una cosa nueva, parece mentira, pero siempre vuelves atrás. Es satisfactorio acordarte de detalles que te enseñó tal o cual maestro. Y después volví con mi grupo a bailar flamenco. Y grabamos un programa precioso en Televisión Española con Guadiana, Ramón Jiménez, Paquito Cruz, Toni Maya, Ramón Porrina, y Bernardo y Juan Parrilla que, por primera vez, hicieron algo más innovador con el violín y la flauta. Aún me lo recuerda Guadiana y me dice que vaya clase tenía aquello. Todavía me llamaba Francisco Javier... Mi tío, en busca de un nombre más ‘comercial’, me quitó el Francisco, que le sonaba a santo, y me añadió Barón, como hacían amigos suyos americanos que, como él, se buscaban la vida para ser novilleros.
¿Qué guitarristas están en este montaje?
En la guitarra tengo a Ricardo Rivera, que también me ha acompañado mucho, y Javier Patino, que me acompaña desde hace tiempo. Son guitarristas que siempre me han aportado mucho musicalmente. Yo me baso mucho en la música al crear y bailar. Y es fundamental tener a dos guitarristas como ellos que, aunque han hecho de todo, han destacado acompañando para bailar. Ahora he cambiado la percusión por dos palmeros, que nunca había llevado. A mí me gusta cambiar en cada espectáculo, pero bastante... casi en un noventa por ciento.
¿Cada obra que estrenas muestra esa necesidad de renovación?
Sí, necesito buscar elementos nuevos, cambiar el elenco, buscar detalles musicales como prescindir ahora de la percusión y meter unas palmas, también las formas y los cantes que te hacen... Voy a tener a Faustino Núñez como director musical. Ha estado en mis últimos trabajos y me ha gustado mucho, es un gran profesional, me ha entendido muy bien y me ha facilitado muchas cosas en el tema musical, me ha ayudado a darle una unión. Quería pegarme un poquito a la jondura, no ir a lo habitual. Por eso gusta que uno se meta dentro del cante que está haciendo el cantaor. No quiero hacer bailes por bailes o cantes por cantes. Quiero que sea muy fluido, que tenga dinámica, no hacer bailes de nueve minutos y luego un cante para que me cambie. Quiero meterme dentro de ellos y que ellos se metan dentro de mí. Que haya libertad para pisarnos, que haya intercambio. Tampoco es fácil llevar a la práctica los apuntes que tiene uno en la cabeza. Cuando se estrene quedarán cosas por pulir, pero siempre hay posibilidad de estudiarlo más. No se puede hacer a la perfección el primer día. Sí quiero utilizar bien las voces: que uno esté haciendo un tono, que el otro haga un cante... Sería bonita esa mezcla. Los quiero exprimir. Y eso cuesta lo suyo. Además de bailar, hay que saber contar (jajaja).
¿Hay una vuelta al flamenco más íntimo?
Por lo que veo, hoy hay mucho interés en la juventud por buscar lo antiguo. Y la juventud es la que nos puede llevar al futuro. Lo ves en algunos detalles dentro de ciertos espectáculos: en letras bien escogidas, aunque sean populares; en lo musical... Y son cosas muy sencillas, pero gustan y se agradecen. No digo que no vayamos evolucionando y mezclemos músicas, pero se está yendo muy rápido. La evolución hay que tratarla con tacto. No se puede ir a lo loco, a ver qué pasa, a ver cómo reacciona el público.
Por eso yo soy una persona que no quiero acapararlo todo, sino que trato de rodearme de un equipo de gente profesional, desde que hice ‘Baile de hierro, baile de bronce’, donde tuve por primera vez un director de escena. El que diga que lo sabe todo... miente. Tienes que hacer un equipo. Cuando hice el ‘Dime’ parecía muy sencillo, pero después es complicado. Tú puedes tener la idea, pero también quien te la desarrolle. Y ya tú vas quitando, poniendo, ayudando. Al final unes a gente muy interesante y te vas enriqueciendo. Creo que hay que trabajar con humildad. A mí me da mucho respeto dar pautas a mis compañeros, a los cantaores, los guitarristas... hasta a las palmas, que también tienen su importancia, pues las veo como un instrumento. Necesito a alguien que les traslade lo que quiero, lo que necesito, pues seguro que lo va a comunicar mejor que yo. A mí siempre me ha ido muy bien esta forma de trabajar, han fluido las cosas y han mejorado. Al principio todo parece un caos, pero cuando vas creando y engordando la idea, cada uno se va dando cuenta de dónde estamos.
¿Y en gran formato? ¿Qué andas preparando?
A finales de febrero, en el Festival de Jerez, estrenaré ‘Meridiano’. Con estos dos proyectos, en julio o agosto me tomaré unas vacaciones porque eso va a ser de locos. Estamos en fase de desarrollo. Se cuenta ‘a priori’ con mucha gente, pero hay que cuadrar agendas. Y soy muy caprichoso con los artistas con los que quiero trabajar, a mí no me pueden cambiar el elenco así como así. Me lo está dirigiendo Pedro G. Romero, ya llevamos días trabajando. Y en la parte musical está José Manuel Gamboa, que lo estoy mareando un poco. Y ellos a mí. El título que le he puesto es ‘Meridiano’. Viene de un reloj de sol que vimos al lado de la Catedral de Sevilla, pues me voy basando en el tiempo. No lleva guión, ni argumento, me centro en el ritmo. Podría estar más gente bailando, pero aún no está claro.
Y hablando de tiempo... ¿en qué momento artístico te sientes?
Yo siempre me he encontrado a mí mismo, pero sabes que hay altibajos. Es todo tan complicado y, últimamente, intervienen tantas historias ajenas al baile y al arte... Eso no me gusta nada. Se nota mucho la diferencia entre los artistas que venden otra cosa que no es bailar y los que sólo ofrecen su arte. Y cuando ese tipo de artistas tiene en la mano oportunidades que a los demás nos cuesta la vida tener, van y la desaprovechan. Todo eso te frena un poco. ¿Por qué te tienes que pelear con estas cosas? Antes sólo consistía en cantar, bailar y tocar. Y el que mejor lo hacía era el que estaba arriba.
Yo me siento bien, pero querría tenerlo más fácil para hacer muchas más cosas. Ahora, además, tenemos la política en medio y ya no es sólo luchar con un manager. Ahora es doble. Y depende de que le gustes a la persona que te recibe, es complicadísimo, cada vez más. Ahora es el político el que manda. Y eso limita. Creo que el deporte, al que soy muy aficionado, funciona igual y está también limitado, con criaturas que se machacan y ven cómo el tiempo pasa... Lo veo muy cruel. Y en el flamenco, me gustaría que otra gente tuviera oportunidades. Siempre que me preguntan por artistas nuevos, intento hablar bien de ellos, pues tienen derecho a un sitio.
¿Cómo ves a la generación de bailaores que llega ahora?
Van muy ligeros todos, tienen pilas alcalinas. De fuerza, están sobrados todos. Y de técnica y de preparación están fantásticos. Pero llega un momento en el que corren más que los Ferrari. Eso se lo da su tiempo, el ansia de demostrar, de que los vean. Y no lo puedes frenar. Lo entiendo, cuando yo era joven también tenía el ansia de demostrar y de llegar. Me gustaría que fueran más despacio las cosas, más matizadas, más lentitas, pero lo entiendo. La evolución que se va llevando en tantas cosas de la vida, en la tecnología... va todo con mucha rapidez. Y hay gente muy buena, que se le ve destacar. Se ve rápidamente cómo va a ser un bailaor dentro de cuatro o cinco años. Y veo que el flamenco, en general, se está viendo de otra manera. Está en un momento grande en el mundo.
¿A pesar de las dificultades que has mencionado?
Es que, en conclusión, te gusta esto y por esto se intenta luchar. Una de nuestras mayores satisfacciones es el reconocimiento del público. El aplauso final de un trabajo que has hecho y en el que has creído, es lo más bonito que nos puede pasar. Y eso es lo que me da el ímpetu para seguir y para luchar. Equivocaciones las tenemos en todo, pero el aplauso del público es la vitamina que necesitas para meterte en el siguiente berenjenal. Y no me quiero quedar con las ganas de plasmar las ideas que me rondan la cabeza, por mucho que cuesten los materiales de la obra... porque quieres materiales buenos, no de segunda mano. Y eso cuesta.
Además de tus propios proyectos, has colaborado en espectáculos como ‘Los Juncales’. ¿Qué tal te has sentido con esa ‘pandilla’?
Aparte del ‘Dime’, es lo más divertido que me ha pasado. Son bellísimas personas y grandes artistas todos. El que no baile ahí con ellos, es que no sabe hacer nada de esto. Lo que hacen ellos es música, aparte de ritmo y compás. Ahí hay una cosa tan sencilla y tan grande que no se sabe ni explicar. Es una experiencia dentro de mi vida, incluso el hecho de ensayar con ellos. Saben cómo eres tú. Yo sé cómo son ellos, que son más que yo... por lo menos, en número. Jajaja. Y al final te metes en su historia. Con decirles cuatro cosas, ya va todo solo. Diego Carrasco sí me conoce por el ‘Dime’ y conoce mi forma de trabajar y cómo quiero llevar las cosas, pero esto es otra historia. El primer día que nos vimos me dijo: “Maestro, aquí cuanto menos ensayar...”. Y yo comprendo la forma y el tema de ellos. Ya sólo escuchando a cada uno, te olvidas de todo y tiras para delante: a Moraíto, a Diego, a Manuel Molina, a Tomasito. Ha sido una experiencia maravillosa sólo que hayan querido acogerme. He ido como artista invitado, pero con mucho respeto hacia ellos. Ha sido un placer y un honor.
Será un respiro de vez en cuando no tener ‘guión’...
Eso es ser libre. No debería llamarse ‘Los Juncales’, se debería llamar ‘Libre’. Es una forma de ellos, que me encanta conocerla. Cada uno hablando a su manera, te tienes que tirar de risa con cada uno.
¿Crees que al flamenco podría destapar más la vis cómica?
En ‘Dime’ fue una experiencia tremenda. Yo no sabía qué iba a decir el público con tanta broma, pero me sorprendí cuando vi la reacción en el Teatro Central. Y tengo la esperanza de poder retomarlo. Lo piden de algunos sitios y quizás el año que viene lo volveremos a hacer en Sudamérica. He tenido una sensación tan bella de ese espectáculo... En principio, era como una casa de locos, pero después hubo tanta unión entre todos nosotros, éramos seis que parecíamos veinticinco. Qué piña, qué unión tan tremenda para llevar eso adelante. Todo el mundo me sigue hablando de eso. Fue un orgullo y el éxito... al final fueron como treinta representaciones, hasta en La Habana. Yo tengo mucho respeto a Lorca. Fue un encargo de su sobrina, Laura García Lorca, que me conocía y tenía muchas ganas de que hiciera algo en la Huerta de San Vicente, donde organiza un minifestival en julio. Y a mí se me vino el mundo encima. Con las cosas tan importantes que se han hecho sobre Lorca... Al final, gracias a que me rodeé de un magnífico equipo, el concepto era muy bueno porque estaba hecho para entendidos, para el que no entendía, un poco de teatro... Había variedad y a cada uno le llegaba de una manera. Después la alegría esa, se han hecho tantas cosas dramáticas sobre Lorca que darle la vuelta a la tortilla daba como vértigo. Pero me decían si tu baile es alegría, hay que trasladarla a la Huerta, donde había invitados, donde se hacían bromas...
También sigue de gira ‘Notas al pie’, ¿cómo evoluciona?
La verdad es que gusta mucho ese montaje. Cuando hago algo, lo mantengo así, no me gusta volver. Ya me meto en otra cosa. Terminas una producción, arreglas tres o cuatro cosas más y no quieres saber más. Lo acabamos de hacer en mi pueblo, en Alcalá, para clausurar el Congreso de Flamenco. Hacía ocho años que no actuaba allí y nunca lo había hecho con mi compañía. Y se ha portado muy bien el pueblo de Alcalá. Siempre me han visto un bailecito en el Festival Joaquín de la Paula, pero eso no es lo mío. Es bonito tener reconocimiento en tu pueblo, he sido ‘Alcalareño del año’, me han dado la insignia de oro de la Peña la Soleá... Estoy muy agradecido. Parece que uno se hace mayor cuando empiezan los homenajes. Jajaja. Pero creo que los reconocimientos llegan en el momento que tiene que ser.
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CURRICULUM |
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PREMIO NACIONAL DE DANZA 2008 Javier Barón nace en Alcalá de Guadaíra, donde se hacia el pan de Sevilla y un cante por soleá. Él tendrá –en su arte- de lo uno y de lo otro: sustancia de tierra para dar alimento natural y profunda elegancia de sencilla majestad con mucho empaque. Comienza su andadura profesional en las compañías de Luisillo, Rafael de Córdova, Ciro y Rafael Aguilar, hasta su ingreso –1981- en el Ballet Nacional de España, donde permaneció más de cuatro años. Si en 1980 obtiene el premio Gente Joven de RTVE, en 1988 conseguirá la confirmación y el doctorado conquistando, en la Bienal de Sevilla, el Giraldillo del Baile. Participa en distintos proyectos colaborando con destacadísimos artistas flamencos y interviene en las obras discográficas Cantaora de Carmen Linares y Flamencos en Nueva York de Gerardo Núñez. Tras la obtención del Giraldillo se afirma en su posición de primera figura de la danza flamenca contemporánea. En 1996 dirige el primer taller de Creación en el Centro Andaluz de Danza (CAD). Al año siguiente forma la Compañía que lleva su nombre y estrena –con la colaboración especial de Ramón Oller- el espectáculo El Pájaro Negro en el Teatro Central de Sevilla. Desde entonces su capacidad creativa no ha parado de florecer y al estreno en la capital hispalense le han sucedido las obras: - Sólo por arte, 1998 - Baile de Hierro, Baile de Bronce, 2000 - Dime, 2002 - Notas al pie, 2004 - Dos voces para un baile, 2006 - Meridiana, 2007 Con las que ha recorrido medio mundo cosechando un éxito rotundo que ha traspasado nuestras fronteras. Cabe destacar el espectáculo ‘Dime’, la obra más premiada en la Bienal de Flamenco de Sevilla (2002). Todas sus propuestas han significado y significan una versión cabal del clasicismo renovado, una verdadera antología de sus peculiares maneras de bailar y entender el baile, siempre en equilibrio de elegancia, masculino y natural, de finura exquisita y de honda belleza. En febrero de 2007 estrena en el XI Festival de Jerez la obra Meridiana, otro giro de tuerca en su exitosa trayectoria artística que se ha visto refrendada, una vez más, con la obtención del Giraldillo a la Maestría, un prestigioso galardón concedido por última edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla. En 2008 obtiene el Premio Nacional de Danza en la modalidad de interpretación. También es galardonado por la crítica especializada con el Premio Flamenco Hoy 2008 al mejor bailaor del año. En la actualidad se encuentra de gira con los espectáculos ‘Meridiana’ y ‘Dos voces para un baile’. También se encuentra inmerso en la reposición del espectáculo ‘Dime’, la obra más premiada en la Bienal de Flamenco 2002.
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